martes, 1 de abril de 2025

LA ABUELA


 

Ana es el nombre tradicional de la madre de la Bienaventurada Virgen María y abuela de nuestro Señor Jesucristo.

 

La abuela es una figura que siempre estará presente en la vida de un nieto, siempre. De pequeños todos nos nutrimos del amor sin condiciones de ellas que son unas mantenedoras de cariño y de fe.


Rosario Trigueros Minguet, “La abuela Pichona”.Ella hizo que dos de sus nietos hicieran Estación de Penitencia cada Viernes Santo de madrugada.

Del barrio de La Fontana justo detrás del barrio Monroy, salían dos nazarenitos pequeños: un niño y una niña con la poca conciencia que se puede tener con tan temprana edad. Iban llenos de nervios y fantasías, las caras descubiertas y los bolsillos llenos de unos inocentes caramelos que servirían para endulzar lo áspero y amargo de la madrugada. 

En una mano una pequeña varita,  y en la otra, la mano de su abuela que llena de gozo, los llevaba hasta la iglesia para que hicieran su estación de penitencia. 


Después de treinta años, esos dos jesuitas siguen con aquella misma devoción y cada Viernes Santo visten su túnica morada y con un cirio en sus manos alumbran el camino de la Virgen que va siguiendo los pasos de su Hijo. Pero, sin ellos saberlo, cuando pasan por “Los Tres Gatos” la abuela Pichona, los mira con alborozo desde las alturas de esa inalcanzable bóveda celeste que tanto le gustaba. Esa mujer que siempre iba rodeada de niños y que ninguno les entorpecía a la hora de emprender un nuevo viaje, una improvisada excursión o una salida en un día de fiesta. 

Ella supo catequizar a sus hijos y enseñarles a convivir en su casa amando los colores de cada Hermandad,  porque en casa había hermanos de la Esperanza, de Jesús Nazareno, de San 

Antonio de Padua o de su Virgen chiquitita de Montemayor. 


Esas son las tiernas semillas que siembran las abuelas, las que te llevan a la iglesia y en silencio te dicen - Tírale un besito al Señor y otro a la Virgen que es  tan guapa- Las que te enseñan a encender una velita los viernes en el Cristo, las que te prueban la túnica y con los ojos llenos de satisfacción y  las manos en la cabeza te dicen - ¡Ay qué ver lo que has crecido!



Y de noche en un duermevela, 

buscando un sueño mejor,

esperando la luz del albor,

siempre están las abuelas,

 entregando todo su amor.


Que a sus nietos no le falte nada

y no se encuentren perdidos,

sin sustento ni vestido,

que en su alma dulce y melada

tienen un lazo cosido.



Los lleva en sus regazos

y con sus brazos los mece,

para que sepan, mientras crecen,

que no hay nadie que rece

y dé mejor un abrazo. 


sábado, 13 de marzo de 2021

EL QUE NOS ABRIGARÁ EL CORAZÓN

 

Hace unos días paseando pensaba en lo diferente que son estos días a los de otros años. La felicidad que se siente, en estas fechas previas antes de la Cuaresma, ha perdido fuerza debido a la situación que estamos viviendo por la covid- 19.
En mi andar pasé  por una calle repleta de naranjos y vi que todavía tenían las ramas sin podar y sus naranjas sin recoger. Sabiendo que esas naranjas eran agrias, su piel tenía un color naranja tan intenso que parecían que eran dulces.
La tarde iba despidiéndose y el mismo color de ese fruto, lo ofrecía el cielo a la hora del lubricán.
Qué paradoja la de esas naranjas: aparentan un dulzor que no tienen, igual que esta Cuaresma se presenta agradable y luminosa, pero llena de esa aspereza que anuncia que nada va a ser igual que en años previos.

Los cofrades vivimos la Cuaresma con la ilusión repleta de propósitos, con un puñado de sueños que buscamos volverlos a repetir cada año,  sin embargo, nada va a ser igual que antes mientras la pandemia esté presente entre nosotros.

No quiero darle un aspecto sombrío a estos días, no quiero desvalijar la ilusión de estas fechas de ensueños donde se viven los momentos más bellos del año. Todo lo contrario, quiero que saquemos de nosotros el deseo y las ganas para pensar que pronto va a pasar todo y que será Nuestro Padre Jesús el que nos abrigará el corazón y nos dará fuerza para no tener miedo a este temible virus y al devastador panorama que deja en muchas familias.
Con el corazón preparado, si  podéis acercaros a la Parroquia, lo veréis en el esplendor divino de su Quinario, allí estará Él esperando que te pongas en sus manos, esperando que lo mires como se mira a un padre, porque mirándolo es imposible desviarse del camino de la verdad, porque Él es el Dios verdadero de Abraham, de Isaac y Jacob, es la luz, el beso devuelto a la esperanza, la raíz de nuestra Fe, la causa de nuestra larga espera y el protector de nuestras vidas.


Articulo publicado en el Anuario de la hermandad de Nuestro pasre Jesús Nazareno de Arahal. Nazarenorum 2021.


lunes, 8 de marzo de 2021

RECORDAR Y SOÑAR


 

 En este tiempo de pandemia que estamos viviendo, nos adentramos en una nueva Cuaresma: un tiempo inseguro y nada halagüeño. Desde marzo del año pasado, andamos suspirando muchos momentos vividos que cada vez echamos más de menos. En el día a día, nos recreamos con cuantiosos recuerdos que no queremos abandonar y, en ellos, está el Dios -hombre, recién muerto.

Los brazos del Cristo de la Esperanza son como dos remos que van tirando de una embarcación cargada de promesas y de fe. Navega por los meses de marzo y abril por una alfombra verde de trigos crecientes en la Campiña sevillana. En esa bucólica escena,  Él, es también el timonel que todos los Viernes Santo indica el camino de la vida, el cobijo del perdón y la confianza en la verdad. Esos brazos reman con fuerzas para que todos lleguemos a buen puerto navegando bajo su protección.

No hay cosa más bella que ver la cofradía en la calle: en esa tarde tan soñada, cierta y luminosa. En esa fresca anochecida donde la hora punta la marca esa agónica huella hasta el calvario del sufrimiento. De la luz a la oscuridad sentiremos un repeluco que se apresurará por nuestro cuerpo invocando que las noches de la recién estrenada primavera, todavía tiene restos del invierno traicionero que ya ha marchitado.

Da igual donde lo veas: por la estrechez de calle Monjas anunciando un pronto desenlace, por Membrilla presagiando su cercano y temido fin, por Pedrera expirando sus heridas, en el reloj que marca sus angustias por Corredera o en el océano de personas esperando la subida de la rampa en la Parroquia.

Ese Viernes Santo se recibe el abrazo verdadero de un Cristo que está en su Cruz. Ese día evocamos la esperanza que lleva consigo y que todos demandamos. La pandemia nos ha privado de sentir ese regusto al ver tan bella escena,  de memorar un pasado  que se hace presente cada año,  pero no nos va a impedir soñarlo desde nuestras casas con una oración,  unos ojos lacrimosos y un suspiro de Esperanza.

¡Dios te salve Santa Cruz!


Artículo publicado en el Anuario de la Hermandad Sacramental de la Esperanza 2020/2021

Foto: David G. B.


jueves, 18 de febrero de 2021

MIERCOLES DE CENIZA

 

Ayer, miércoles de ceniza,  recibimos la señal que comienza una Cuaresma nueva, unas cenizas que han sido el resto de las ramas de los olivos de la mañana del pasado Domingo de Ramos que no tuvimos. El sacerdote nos ha asentado esa reliquia en la coronilla de nuestra cabeza, no como otros años que la señal se quedaba en la frente de nuestro rostro recordando -como cada año- que “Polvo eres  y en polvo te has de convertir”

Otros años, entre amigos y conocidos, nos hemos deseado una feliz y santa Cuaresma con los mejores propósitos para este tiempo de preparación y con el sueño de vivir, nuevamente, escenas conmovedoras con nuestras Hermandades.
El año 2021 será diferente y aún peor que el pasado porque desde hace tiempo hemos visto venir lo que ahora tenemos tan presente. Duele saber que entre la rutina diaria, no tendremos esa "pesadumbre" pensando si saldrá todo bien , si no habrá contratiempos y  cada Hermandad celebrará sus cultos y más tarde su salida con el resplandor de esos días. Todo es tan diferente entre la mascarilla, la distancia y el miedo a los contagios, no puedes siquiera acercarte con ese expresivo saludo al amigo que cada año ves en la misma banca de la iglesia .

Hace unos días, me decían que este año habría que echar mano de los recuerdos de otros tiempos. Mis recuerdos son como los de muchos: las puertas de las iglesias abiertas de par en par, las prudentes luces de los altares, las voces sobrehumanas de sus coros, las bullas por las calles aledañas a los templos, el traje de la Función Principal, los anuarios y boletines en nuestras manos ansiosas por repasar una hoja detrás de otra, los ensayos de costaleros, las bandas, la sonoridad de los pies por las rampas de madera, las manos cosiendo el dobladillo de una tunica, los nubarrones de inciensos, esos y algunos más, rememoro hoy.

No perdamos la esperanza, pero en esta Cuaresma no tendremos meta donde llegar, seremos errantes de una ilusión.

LA SENSATEZ

 
Desde que comenzó la pandemia, más de uno, hemos tenido una guerra interna al ver el comportamiento de los jóvenes y los no tan jóvenes.
Parece mentira que, a estas alturas, todavía hay que quejarse de esas penosas conductas que se repiten una y otra vez y que el ciudadano responsable agacha la cabeza, cansado ya de la misma situación un mes detrás de otro.
Siempre se ha dicho que “Quien hace la ley, hace la trampa” y qué curioso este refrán que da en el clavo y acierta.
No se les puede achacar a los dueños de los bares el aumento de los casos positivos porque, aunque en una barra se desmadre más de uno, a las seis se cierra y los más listos celebran el resto de la jornada en reuniones al aire libre o en algún que otro espacio cerrado: llámese una cochera, parcela, casa o vete tú a saber dónde más.
Esos insensatos son unos hijos que lo tienen casi todo en la vida y, que sus padres, les han dado todo lo que ha estado en sus manos y más para que sean felices y no se “traumaticen”. A veces es difícil corregir, guiar y educar porque para eso hay que dar ejemplo y algunos padres, a la vez que sus hijos, se saltan las normas y el sentido común brilla por su ausencia.
No piensan que esas fiestas, reuniones y ese “pasar del tema” les está afectando a la sociedad en general. No importa que tengan en su familia a personas de alto riesgo, a padres con enfermedades graves o abuelos que ahora se ven más solos que nunca, no les importa, dicen que están cansados de esta situación y que viven en una presión que no pueden soportar.
Esa presión la vivimos todos los que estamos luchando por sobrevivir a esta pandemia. Cuidando de nuestros mayores, “privándonos” de muchas cosas para frenar tantos contagios. Mientras unos celebran a lo grande: los puentes, feria, Navidad, primavera... Otras personas dan ejemplo. Hay jóvenes que por temor a contagiar a sus familias están actuando como deberían hacerlo otros y, encima, están aguantando la presión de ciertos “amigos” que se burlan de ellos por su ejemplares comportamientos.
Los sanitarios, que están colmados de vocación, están cansados y sienten que la batalla está perdida. Son muchos los egoístas que no pueden perderse vivir con normalidad, cuando la normalidad sería que todos fuésemos con sensatez y sentido común por la vida para acabar cuanto antes con esto.
 
Foto: Reporte escolar 2019 - unir.


 

jueves, 18 de junio de 2020

LA HISTORIA SE PUEDE REPETIR




Otro día que pasa y el sol que entra en el zaguán, me recuerda que ya se va acercando el anuncio de otro espacioso y abrasador verano más. Todo ha cambiado, desde los temas de conversación con los vecinos del barrio, hasta la forma de comportarnos. Veo tanta conciencia en los mayores y tan poca en los jóvenes.  Yo entiendo que han sido unos meses duros y que estamos hartos de esta situación, pero, no hemos aprendido la lección. 

Hace unos días, leí en un artículo que hablaba de una pandemia de gripe en 1918, también conocida como la "gripe española" que duró más de dos años. Se consideró como la más devastadora que se había conocido. Hubo tres oleadas virales claramente distinguibles entre enero de 1918 y junio de 1919. 

Cuando se inició el primer brote, las autoridades decidieron confinar a la población para evitar que crecieran los contagios. Tan duro fue el aislamiento que una vez que los ciudadanos pudieron salir a las calles, no fueron capaces de tomar medidas de prevención y las reuniones, abrazos y besos fueron tonificantes para celebrar que se salía de aquel encierro. Pronto los rebrotes se hicieron presente y de nuevo, todos los paises sufrieron de otra oleada de contagios y así hasta una tercer repunte catastrófico. 

No quiero ser pesimista, ni quiero alarmar a nadie, pero sí me gustaría que dierais a conocer este capítulo de la historia que se llevó a más de 50 millones de personas en todo el mundo y una cifra inmensa de contagiados. La historia se puede repetir y entre todos podríamos evitar que si viniese otra oleada de contagios, no se llevara por delante a tantas personas. Y no pienses que el virus se ha ido, esa Covid-19 le ha cogido gusto a quedarse entre nosotros.

domingo, 10 de mayo de 2020

UN BESO VERDADERO



Desde que las autoridades dieran  permiso para que los niños pudieran salir de 12 a 5 de la tarde. Se ven a muchos pequeños que pasean en compañía de sus padres y visitan desde la acera a sus familias.

Hace unos días, iba detrás de una madre que llevaba de la mano a su hijo, tendría unos tres años más o menos. Llevábamos la misma dirección y durante ese transcurso de tiempo vi, que el niño, mientras andaba ofrecía pequeños saltos que descomponían el compás de los pasos que daba junto a su madre.
Cruzaron la calle y una vez que estaba en la acera, oí que le decía su madre: “recuerda todo lo que te he dicho” y el pequeño se soltó de la mano corriendo, la impaciencia y alegría,  no lo dejaban nivelar sus pisadas y mezclaba su caminar con una justificada carrera. 

En una casa lo esperaban sus abuelos que, aguantado la emoción, intentaban recordarle que no se podía acercar a ellos. No hizo falta muchas recomendaciones, la criatura se quedó parado en la acera distante a sus abuelos y les enumeraba de carrerilla lo que no debía hacer. 
Al mismo tiempo que veía esa estremecedora escena, pasaba por la casa de mi hermano y me quedaba con la pena de no poder entrar para ver a mis sobrinos.

Hoy, como en estos últimos días hemos recibido la visita deseada de ellos, se hace muy extraño no poder abrazarlos, no zamparle un beso de esos que son tan verdaderos y legítimos como los días que amanecen con el cielo raso de un azul luminoso. 
Mis sentimientos cautivos echan de menos no poder compartir conversaciones alegres y sinceras, junto a una merienda que se convierte en una pequeña fiesta, donde no habita el sonido de la televisión ni la radio, sólo se alojan sus  carcajadas una y otra vez. 




LA ABUELA

  Ana es el nombre tradicional de la madre de la Bienaventurada Virgen María y abuela de nuestro Señor Jesucristo.   La abuela es una figur...