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EL QUE NOS ABRIGARÁ EL CORAZÓN

  Hace unos días paseando pensaba en lo diferente que son estos días a los de otros años. La felicidad que se siente, en estas fechas previas antes de la Cuaresma, ha perdido fuerza debido a la situación que estamos viviendo por la covid- 19. En mi andar pasé  por una calle repleta de naranjos y vi que todavía tenían las ramas sin podar y sus naranjas sin recoger. Sabiendo que esas naranjas eran agrias, su piel tenía un color naranja tan intenso que parecían que eran dulces. La tarde iba despidiéndose y el mismo color de ese fruto, lo ofrecía el cielo a la hora del lubricán. Qué paradoja la de esas naranjas: aparentan un dulzor que no tienen, igual que esta Cuaresma se presenta agradable y luminosa, pero llena de esa aspereza que anuncia que nada va a ser igual que en años previos. Los cofrades vivimos la Cuaresma con la ilusión repleta de propósitos, con un puñado de sueños que buscamos volverlos a repetir cada año,  sin embargo, nada va a ser igual que antes mientras la pandemia esté
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RECORDAR Y SOÑAR

   En este tiempo de pandemia que estamos viviendo, nos adentramos en una nueva Cuaresma: un tiempo inseguro y nada halagüeño. Desde marzo del año pasado, andamos suspirando muchos momentos vividos que cada vez echamos más de menos. En el día a día, nos recreamos con cuantiosos recuerdos que no queremos abandonar y, en ellos, está el Dios -hombre, recién muerto. Los brazos del Cristo de la Esperanza son como dos remos que van tirando de una embarcación cargada de promesas y de fe. Navega por los meses de marzo y abril por una alfombra verde de trigos crecientes en la Campiña sevillana. En esa bucólica escena,  Él, es también el timonel que todos los Viernes Santo indica el camino de la vida, el cobijo del perdón y la confianza en la verdad. Esos brazos reman con fuerzas para que todos lleguemos a buen puerto navegando bajo su protección. No hay cosa más bella que ver la cofradía en la calle: en esa tarde tan soñada, cierta y luminosa. En esa fresca anochecida donde la hora punta la mar

MIERCOLES DE CENIZA

  Ayer, miércoles de ceniza,  recibimos la señal que comienza una Cuaresma nueva, unas cenizas que han sido el resto de las ramas de los olivos de la mañana del pasado Domingo de Ramos que no tuvimos. El sacerdote nos ha asentado esa reliquia en la coronilla de nuestra cabeza, no como otros años que la señal se quedaba en la frente de nuestro rostro recordando -como cada año- que “Polvo eres  y en polvo te has de convertir” Otros años, entre amigos y conocidos, nos hemos deseado una feliz y santa Cuaresma con los mejores propósitos para este tiempo de preparación y con el sueño de vivir, nuevamente, escenas conmovedoras con nuestras Hermandades. El año 2021 será diferente y aún peor que el pasado porque desde hace tiempo hemos visto venir lo que ahora tenemos tan presente. Duele saber que entre la rutina diaria, no tendremos esa "pesadumbre" pensando si saldrá todo bien , si no habrá contratiempos y  cada Hermandad celebrará sus cultos y más tarde su salida con el resplandor

LA SENSATEZ

  Desde que comenzó la pandemia, más de uno, hemos tenido una guerra interna al ver el comportamiento de los jóvenes y los no tan jóvenes. Parece mentira que, a estas alturas, todavía hay que quejarse de esas penosas conductas que se repiten una y otra vez y que el ciudadano responsable agacha la cabeza, cansado ya de la misma situación un mes detrás de otro. Siempre se ha dicho que “Quien hace la ley, hace la trampa” y qué curioso este refrán que da en el clavo y acierta. No se les puede achacar a los dueños de los bares el aumento de los casos positivos porque, aunque en una barra se desmadre más de uno, a las seis se cierra y los más listos celebran el resto de la jornada en reuniones al aire libre o en algún que otro espacio cerrado: llámese una cochera, parcela, casa o vete tú a saber dónde más. Esos insensatos son unos hijos que lo tienen casi todo en la vida y, que sus padres, les han dado todo lo que ha estado en sus manos y más para que sean felices y no se “traumaticen”. A v

LA HISTORIA SE PUEDE REPETIR

Otro día que pasa y el sol que entra en el zaguán, me recuerda que ya se va acercando el anuncio de otro espacioso y abrasador verano más.  Todo ha cambiado, desde los temas de conversación con los vecinos del barrio, hasta la forma de comportarnos. Veo tanta conciencia en los mayores y tan poca en los jóvenes.    Yo entiendo que han sido unos meses duros y que estamos hartos de esta situación, pero, no hemos aprendido la lección.  Hace unos días, leí en un artículo que hablaba de una pandemia de gripe en 1918, también conocida como la "gripe española" que duró más de dos años.  Se consideró como la más devastadora que se había conocido. Hubo tres oleadas virales claramente distinguibles entre enero de 1918 y junio de 1919.  Cuando se inició el primer brote, las autoridades decidieron confinar a la población para evitar que crecieran los contagios. Tan duro fue el aislamiento que una vez que los ciudadanos pudieron salir a las calles, no fueron capaces de tom

UN BESO VERDADERO

Desde que las autoridades dieran  permiso para que los niños pudieran salir de 12 a 5 de la tarde. Se ven a muchos pequeños que pasean en compañía de sus padres y visitan desde la acera a sus familias. Hace unos días, iba detrás de una madre que llevaba de la mano a su hijo, tendría unos tres años más o menos. Llevábamos la misma dirección y durante ese transcurso de tiempo vi, que el niño, mientras andaba ofrecía pequeños saltos que descomponían el compás de los pasos que daba junto a su madre. Cruzaron la calle y una vez que estaba en la acera, oí que le decía su madre: “recuerda todo lo que te he dicho” y el pequeño se soltó de la mano corriendo, la impaciencia y alegría,  no lo dejaban nivelar sus pisadas y mezclaba su caminar con una justificada carrera.  En una casa lo esperaban sus abuelos que, aguantado la emoción, intentaban recordarle que no se podía acercar a ellos. No hizo falta muchas recomendaciones, la criatura se quedó parado en la acera distante a sus a

VIERNES DE DOLORES

No quiero desviarme siquiera una línea, porque aquí  está el secreto de que estés,  sin estarlo.  El año pasado no tuve valor de felicitarte, pero aunque siga débil en esta decisión, me armo de valentía para escribir lo que hubiese sido hoy tú día. No había un año que no nos dijera con un mes antes que se iba acercando el día de tu onomástica, con la misma ilusión de un pequeño esperando el día de los Reyes Magos aguardabas con impaciencia.  Daba igual lo que te regalaran, lo que te gustaba era ver cualquier cosa envuelta en papel de regalo. La de veces en forma de juego que te decía que no había tenido tiempo para buscarte un regalo y me mirabas sabiendo que no era cierto lo que te decía. No era el regalo en sí lo que te gustaba, sino la grandeza de una demostración de cariño. Viernes de Dolores , ese era tu día, te daba igual que ese día lo hubiesen cambiado de fecha, lo ibas a seguir celebrando en primavera, justo una semana antes que tu nombre estuviera en los