martes, 23 de agosto de 2016

EL ALGODÓN DULCE, A LA VUELTA



“El traje de gitana se lo vamos a comprar “completito” para que le dure”
Esta era una de las frases que se oía en cualquier casa, en las vísperas de Feria, cuando todo el pueblo se disponía a vivir esas ansiadas fiestas. Y eso que te decía tu madre que el traje de gitana tenía que estar “holgado” era tan cierto que años después se iba utilizando ese mismo traje, solo con una diferencia, el traje cada vez estaba más corto, pero te decían que eso era así y que ibas a “la moda”. El consuelo que teníamos era que otras niñas de tu misma edad, no tenían la suerte de llevar un traje, en las Fiestas del Verdeo.
La Feria en los años setenta, era muy diferente a la de la actualidad. Se vivía más esta fiesta de día, donde la familia se reunía para almorzar en una de las pocas casetas que había y las mujeres se encargaban de preparar las comidas y llevarlas de la casa (tortillas, filetes empanados, carne en salsa…) Como veis, ahora se suele hablar de crisis, pero entonces esa palabra no era nombrada, simplemente que no había más remedio que aguantarse con lo que había y eso no era motivo para “encogerse” y no disfrutar de la Feria.
Recuerdo con cariño, cuando estaba la Portada en la esquina de  Mariano. La calle Corredera engalanada con los veladores de los establecimientos instalados en la calle. El paseo de caballos empezaba a lucirse desde la Corredera. Pero cuando me iba entrando el “cosquilleo” era cuando bajábamos  por la Puerta de Utrera, camino de La Fuente. La taberna de Julio “El Sereno”, “El Frenazo”. “El Matero”, “El Bar de Aguilar”, “Kiosco Campana”, eran muchos los taberneros que se frotaban las manos, porque en esos días era cuando se “hacía negocio”
El sonido fuerte del altavoz de la Tómbola, el imparable tintineo de las escopetas de balines que venían del “Salón de Tiro de Elisa”. El grupo Los Tajara con la incansable voz de Rafael cantando una y otra vez “Agua de coco, agua de coco”. Viví como un sueño, cuando vinieron Los Romeros de La Puebla y el bullicio que había por verlos, hicieron que los que estaban dentro de la Caseta, corrieran las cortinas de lona para los que estábamos fuera, pudiéramos oír esas voces entonando “Solano de las Marismas”. El Pali, cantando: “Mocita de Arahal vente conmigo, a recoger el fruto de mis olivos” . Los Hermanos Reyes, que parecen que todavía suenan desde lo lejos diciendo: “Pensamiento mío. No me traiciones. Y no culpes a nadie, pensamiento. De mis errores”.

Los cochecitos locos, el látigo, los puestos de turrones, las almendras garrapiñadas,  el algodón dulce que siempre te prometían a la vuelta, y a la vuelta venías dormida en los brazos de tu padre sin molestarte ningún ruido de aquel “laberinto” lleno de luces y de alegría.

1 comentario:

Francisco Jesús Montes Rayo dijo...

Qué bonito! Si quieres te concedo una entrevista en exclusiva sobre el traje de la reina del V aniversario. Un beso artista!