miércoles, 22 de marzo de 2017

Y POR ESO TE QUEREMOS


Corren tiempos difíciles para el creyente, y sin embargo, aquí estamos un año más, al igual que lo hacían nuestros antepasados. 75 años de la creación de esta bella imagen y siglos de historia de una Hermandad.
Nos postramos ante Ti y nuestro diálogo siempre es el mismo, unas veces te imploramos y otras te agradecemos. Y el Viernes Santo de madrugada, salimos a la calle para anunciar el Evangelio. 
Tres golpes secos del llamador se oyen desde lo lejos. El rachear de tus costaleros que vienen con desvelo, despacio y en silencio, y un mar de personas esperando Tu encuentro. Todos te esperamos y queremos navegar al mismo tiempo, y es en esa madrugada donde se escapa una lágrima sin quererlo. Al mirar Tu Divino Rostro, un cosquilleo nos recorre el cuerpo, inundándolo de paz y consuelo. Porque sigues llevando sobre esa Cruz el peso de todos nuestras carencias y defectos.  
Y ya estás en el dintel de la puerta con esa túnica “morá” mostrándose ante el pueblo, y esos ecos de cornetas con sonido lastimero, ese hermano que nos mira entre alegría y desconsuelo,  y ese camino que Tú pisas, guiado por tus hijos costaleros, orgullosos de estar más cerca del Cielo. Esa tímida mano que acaricia el dorado de tus respiraderos, que con una oración te pide por el que está enfermo. Y esa garganta que te canta y te reza al mismo tiempo, y esa zancada Tuya que nos muestra el camino verdadero. Y esa anciana que te pide salud en silencio. Y ese niño que al mirarte  con sus pequeñas manos, emocionado te lanza un beso. Y ese joven que te mira y se acuerda de los que se le fueron al Cielo. Y ese ciego que sin verte te palpa desde lejos. Y ese abrazo que se siente de un hermano nazareno. Y esa chicotá que no termina y en tu memoria queda como un sueño. Y TÚ ERES TODO ESO.
Donde hay caridad y amor, allí está el Señor y por eso las puertas de las casas se abren de par en par, para que Tu gracia plena nos  inunde. Y mientras caminas las paredes de la calle de Las Monjas parecen que se estrechan para poder abrazarte. En San Roque se despiertan poco a poco los vencejos, regalándote un efímero vuelo entre las espinas que tu frente hirieron. La cera de tus faroles se van consumiendo en la oscuridad de la noche por Membrilla, Portería y Victoria. Las tímidas golondrinas salen a Tu encuentro cuando roto por la Cruz, caminas por Miraflores, Puerta Utrera y Corredera. Por Duque, San Pedro y Cruz suspiras ya sin aliento. Y en Los Tres Gatos hay un mar de cabezas que se distinguen desde lo lejos y es entonces, cuando te recompones al ver allí a Tu pueblo. ¡Y es tan grande el amor que te tenemos! Que mirándote por Veracruz, nos afanamos por acompañarte hasta Tu Templo. 
Y por eso te queremos
Porque nos sacas un suspiro
Cuando amanece el nuevo día
Y tan cerca te tenemos
Y porque se nos llena la boca
cuando sale de nuestros labios
¡Viva Nuestro Padre Jesús Nazareno!


Foto: Eugenio Jiménez Lobato.


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