martes, 2 de noviembre de 2010

EL CRISTO DE LAS MIELES 1ª parte



Aunque todos los sevillanos han visitado alguna vez el cementerio de San Fernando, muy pocos sabrán que el grandioso Cristo Crucificado, en bronce, que preside la glorieta principal del cementerio, se llama con el bonito nombre de cristo de las Mieles.




En el año 1857 había nacido en la casa 55 de La alameda de Hércules, entre la calle Relator y Peral, el escultor Antonio Susillo. Hijo de un vendedor de aceitunas aliñadas del mercado de la Feria, Susillo no tenía por parte familiar la más mínima motivación para dedicarse a las bellas artes. Por el contrario- según su biógrafo Antonio Illanes-, su padre quería inclinarle por el negocio mercantil. Pero Antonio Susillo era espontáneo y originalmente artista, y así empezó a dibujar sin que nadie le enseñase, y a modelar con barro cogido del suelo de la Alameda en la puerta de su casa, pequeñas figuritas de imágenes religiosas. Cierto día, cuando apenas contaba siete años, acertó pasar por aquel lugar la infanta-duquesa de Montpensier, quien sorprendida de ver a un niño tan pequeño aquellas figuritas tan bellas, le tomó bajo su protección y le costeó sus primeros estudios. No había de defraudar esta protección Antonio Susillo, pues desde poco después, en plena adolescencia, empieza a conseguir premios por sus obras.




Antonio Susillo viaja por Europa, perfecciona su arte contemplando las esculturas de los grandes maestros italianos del Renacimiento y del Barroco, pero no es solamente un viajero aprendiendo, sino a la vez y con poco más de veinte años, ya es un maestro sembrando estatuas en Europa, entre ellas el retrato del zar Nicolás II,encargo que presenta la sorprendente historia de que el zar de todas las Rusias envió a Sevilla a buscar a Susillo a su gran chambelán el príncipe Romualdo Giedroiky, y no existiendo en rusia un taller de fundición de bronce de la calidad deseada por Susillo, se alquiló para él un taller de este tipo de fundición en París. Era a sus veinticinco años.


A los veintiocho años de edad. Antonio Susillo recibe del Ayuntamiento de Sevilla el honrosísimo encargo de crear el monumento a Daoiz, el héroe de la guerra de la Independencia, obra monumental de Susillo realiza en muy pocas semanas, y que es emplazado en el centro de la hermosa plaza de la Gavidia.Ya antes había hecho el monumento a Velázquez, erigido en la plaza del Duque.


Dos años después el gobierno le otorga la Encomienda de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, y ¡a los treinta años de edad! es nombrado académico numerario de las Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Otros monumentos hechos por Antonio Susillo son todas las estatuas de la balaustrada del palacio de San Telmo...finalmente, la grandiosa obra, la definitiva, el Cristo crucificado para la glorieta o rotonda central del cementerio.


Susillo, que se había casado en segundas nupcias, con una mujer que no le amaba como le había amado su primera esposa, sino que buscaba en él la posición brillante, social y económica, era infinitamente desgraciado. Su mujer le estimaba nada más que como una máquina de producir dinero, pero en cambio despreciaba su arte. su discípulo Castillo Lastrucci, contaba que cierto día en que Susillo trabajaba en una gran estatua, le llamaron inesperadamente y hubo de pasar desde el taller o estudio a las habitaciones de la casa. Al verle entrar salpicado de yeso y de barro, materiales con los que modelaba, su mujer le increpó furiosa: "Bah, yo creí que me había casado con un artista y resulta que me he casado con un albañil".

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