lunes, 22 de noviembre de 2010

LA LEYENDA DEL CANDILEJO Y LA CABEZA DEL REY DON PEDRO 2ª PARTE




- ¿Y decís que le han asesinado?- contestó calmosamente el rey- Pues las noticias que yo tengo por mis informadores son muy otras. Me han dicho que cuando le recogieron muerto, se vio que tenía la espada en la mano, y la herida que le dio la muerte estaba en el pecho. Así, más bien parece tratarse de un duelo entre caballeros, cara a cara, y no un asesinato como vos decís.



Se mordió los labios contrariado y enfurecido don Tello viendo que el rey sabía también la verdad, aunque él no imaginaba cómo.



- Aún hay más .Junto al cuerpo de mi hijo fue encontrado un candil...



- Otra razón para que no penséis que le asesinaron - atajó vivamente el rey.



- ¿Por qué, señor?



- Porque eso demuestra que no hubo sorpresa ni el matador se amparó en la oscuridad, sino por el contrario riñeron a la luz del candil, para no acuchillarse a oscuras.



- De todos modos, señor, pido justicia contra el matador de mi hijo..., si es que hay justicia en estos reinos.



- Larga tenéis la lengua, señor conde. Pero os disculpo por la gran pena que tenéis en estos momentos. Pero para que veáis que sí hay justicia, os prometo solemnemente, y delante de estos caballeros, que si el matador de vuestro hijo es descubierto, mandaré poner su cabeza en un nicho, en la pared, en el mismo lugar donde hizo esta muerte.



Marcháronse los Guzmanes, y en seguida, el rey mandó echar un pregón por toda Sevilla diciendo que se premiaría con cien doblas de oro a quien denunciase ante el rey quién había sido el matador del hijo del conde de Niebla. Y el pregón añadía: "Y el rey don Pedro manda, que si fuese hallado el matador, sea su cabeza puesta en un nicho en la misma calle donde le dio muerte".



Oyó este pregón Juan el carbonero, y dijo a su madre:



- Albricias, madre, que hoy se nos ha entrado la fortuna por las puertas. Vamos a ser ricos y saldremos de estas estrecheces.



Y como era agudo, valeroso, y confiaba en su buena estrella, acudió, apenas se lavó la cara y se vistió de limpio, a presentarse en el Alcázar, donde pidió ser recibido por el rey.



- Señor, he oído el pregón que habéis mandado echar, sobre dar un premio a quien denuncie al hombre que mató al caballero Guzmán en los Cuatro Cantillos. Yo vengo a deninciarle.



-¿Qué decís? Si estáis mintiendo haré que os encierren y os entregaré al verdugo.



-No, señor, que no miento. Pero os lo diré a vos a solas, puesto que es una persona de calidad, y no debo decirlo en presencia de guardias y criados, ni siquiera en presencia de ministros y consejeros.



El rey don Pedro, tan preocupado por el inesperado denunciador, como curioso por saber qué era lo que éste había podido conocer del lance, se apartó a un lado del salón con él.



- Hablad pues, y explicadme lo que sea en voz baja.



- Señor: mi anciana madre que se asomó a una ventana vio el suceso, y pudo conocer al matador.



-Decidme su nombre.



- Oh, eso no, porque es un hombre tan alto que no se puede pronunciar. Pero os lo mostraré en persona. Mirad por aquella ventana y lo vereis enfrente.



Y diciendo estas palabras, Juan el carbonero le señalaba, no a una ventana, sino a un espejo, que él sabía que estaba en aquel salón, pues tiempo atrás había venido a colocarlo él mismo en la pares, ayudando a un cuñado suyo que era vidriero de espejos.



Don Pedro al oír estas palabras miró hacia el espejo, se puso frente a él, se contempló despacio, y seguidamente se volvió hacia el carbonero y le dijo en voz baja.



- Lleváis razón. Ese hombre que se vé por esa ventana, como vos le llamáis, es quien mató al caballero Guzmán. Pero de ahora en adelante os prohíbo que lo digais a nadie más, sopena de mandaros ahorcar.


foto: http://mujeresdeleyenda.blogspot.com/

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