domingo, 21 de noviembre de 2010

LA LEYENDA DEL CANDILEJO Y LA CABEZA DEL REY DON PEDRO 1ª PARTE



Dedicatoria: Para Antonio, (mientras te metes en el mundo de la lectura, te olvidas de todo)



Cierto caballero de la poderosa familia de los Guzmanes, enemigos de la rama legítima reinante, a la que aspiraban a destronar para suplantarla por los bastardos Trastámara-Guzmán, como al fín lo consiguieron, se dedicó a propalar por Sevilla algunas murmuraciones y sátiras contra el rey, cuya gravedad llegaba a constituir delito de lesa majestad. Don Pedro podía haber hecho prender y condenar a muerte al autor de tales rumores, pero por un lado no le convenía provocar a los Guzmanes, para evitar que se precipitase la situación a una auténtica guerra civil, y por otra parte su temperamento caballeroso y valeroso se resistía a valerse de la máquina judicial para castigar a un difamador de su honra, considerándose él como caballero, el obligado a castigar personalmente al culpable. Así que se propuso darle muerte, en duelo y por su propia mano.



Aguardó, pues, don Pedro una ocasión propicia, y sabiendo que cierta noche el caballero Guzmán había de salir solo por la ciudad, le esperó en una calle solitaria que se llamaba calle de los Cuatro Cantillos, y allí espada en mano, le pidió cuentas de sus palabras ofensivas, dándole oportunidad de defenderse. La noche era oscura, inverniza, y no transitaba un alma, por lo que se acuchillaron ambos sin testigos y a su sabor.


Estaban en plena pelea, cuando en una de las casas se abrió sigilosamente una ventanuca del piso alto, y se asomó una vieja con un candil en la mano, intentando curiosear a la amarillenta luz del candil quiénes eran los que reñían. Siguieron los dos combatiendo sin enterarse de que los miraban, obcecados ambos en el ardor de la reyerta. Por fín don Pedro, más hábil esgrimidor que Guzmán, dio a éste una estocada en el pecho y le derribó muerto en tierra. La vieja, horrorizada de lo que había visto, dejó caer en su mano temblorosa el candil con que había iluminado la sangrienta escena, cerró el postigo de la ventana, y rezando entre dientes se volvió a su habitación, pero no sin que le diese tiempo de oir que el matador volvía la espada a su vaina y se alejaba otra vez, embozado en la capa, sonándole al andar las choquezuelas de las rodillas.


La vieja oído alguna vez decir que el rey don Pedro, a consecuencia de cierta caída de caballo, se resentía de las rodillas, que le sonaban cuando andaba de prisa.


Al día siguiente la vieja mostró tal excitación y medrosidad, que su hijo Juan, el carbonero, única persona que vivía con ella, se apercibió de que algo le ocurría y tras instarle a que le explicase la causa, la vieja le contestó temblorosa:


-Anoche han matado a un hombre ante nuestra casa, y por mis pecados he tenido la desgracia de ser yo la única persona que lo ha visto.


- Pero, madre, eso no es una tal desgracia. Con no decirlo a la justicia nadie sabrá que presenciateis el suceso.


- ¡Ay, hijo mío! Lo sabrán, porque cuando estaba asomada a la ventana, se me cayó el candil a la calle. lo encontrarán y estaré perdida, pues la justicia para averiguar lo sucedido me darán tormento, y quizá te culpen a tí de la muerte.


Juan el carbonero no era hombre que se asustase de nada, así que abrió la puerta de la casa, y salió a buscar el candil. Sin duda quienes recogieron el cadáver se lo habían llevado como prueba del delito.


Juan el carbonero intentó tranquilizar a su vieja madre, y cuando la vio más sosegada bajó a la cuadra, aparejó al borrico, le echo su carga de carbón encima y se marchó como solía a vender por las calles. A poco de amanecer, y cuando ya empezaba a bullir plazuelas y mercados, se extendió por la ciudad la noticia de que aquella noche habian dado muerte a un caballero del poderoso linaje de los Guzmanes, lo que hacia temer en Sevilla ruidos y asonadas.


En efecto, los Guzmanes habían recogido el cuerpo de su deudo y el candil, y tras depositarlo en su palacio de la calle Jesús, acudieron los nobles Guzmanes, presididos por don Tello de Guzmán, conde de Niebla, a pedir audiencia al rey don Pedro en el Alcázar, reclamando con trémulas y airadas voces justicia contra los matadores de su hijo.

texto:Tradiciones y leyendas sevillanas - José María de Mena

foto:http://tertuliavillerados.blogspot.com/

2 comentarios:

M.J.G dijo...

Fali veo que también te gusta las layendas y la historia de Sevilla, supongo que tienes esos dos grandes libros de José María de Mena; "Historia de Sevilla" y "Tradiciones y Leyendas Sevillanas". En particular esta leyenda me encanta y cada vez que paso por Sevilla por la calle "Cabeza del Rey Don Pedro" o por "Candilejo" me acuerdo de esta famosa y hermosa leyenda. A ver si un día pones las leyenda de Doña María Coronel ya que pronto se acerca el día en que se abre la urna donde está el cuerpo incorrupto de ella y que también es preciosa la leyenda.
Por cierto te recomiendo un libro no se si lo habrás visto, escrito por Paco Robles con fotos de Antonio del Junco y dedicado a Sevilla, se llama "Sevilla Ciudad Eterna", es todo un lujo de libro, es precioso con fotos buenísimas y con unos textos preciosos. El libro es un poco voluminoso, no se si estará en las bibliotecas, pero bueno como si te gusta la Historia de Sevilla y te gusta la ciudad, ahora que se acercan los Reyes puedes pedírselo, jjajaj.

Un saludo.

Fali dijo...

Bueno amigo Manuel, intentaré portarme bien para que los Reyes Magos se dejen caer con ese libro.GRACIAS por el consejo.